El próximo 28 de junio de 2025 entra en vigor un cambio importante que afecta a todo el territorio español: la Ley 11/2023 obliga a que todos los cajeros automáticos sean plenamente accesibles. Esto incluye la incorporación de pantallas adaptadas, navegación por voz, señalización en braille y elementos físicos que permitan su uso autónomo por personas con discapacidad visual, auditiva, cognitiva o movilidad reducida.
Aunque la normativa está dirigida al sector financiero, especialmente a bancos, cajas y cooperativas de crédito, su entrada en vigor lanza una pregunta inevitable para el comercio local, ¿qué pasa con las tiendas, supermercados, farmacias o cadenas comerciales?
¿Está el comercio preparado para una sociedad más inclusiva?
Este cambio no solo es una obligación para los bancos: es una señal de hacia dónde va la sociedad. Una sociedad más inclusiva, más justa y más consciente de la diversidad funcional. Y el comercio cercano tiene una oportunidad enorme para adelantarse, adaptarse y mejorar la experiencia de compra de miles de personas que, hasta ahora, se han sentido invisibles en muchas tiendas.
Más del 10 % de la población en España vive con algún tipo de discapacidad, y muchas de esas personas siguen encontrando barreras al entrar a un local: escalones, puertas pesadas, pasillos estrechos, cartelería ilegible o TPVs sin audio o sin lectura táctil.
Accesibilidad comercial: más allá de las rampas
En este sentido, la accesibilidad en una tienda no se limita a una rampa o a un baño adaptado, en la actualidad también implica el contar con:
- Cartelería clara y visible, con buen contraste y tamaño.
- Sistemas de pago con soporte de voz o accesos simplificados.
- Puntos de autoservicio accesibles: desde balanzas hasta kioscos de pedidos.
- Formación del personal en atención inclusiva.
- Apps y webs accesibles, si el comercio tiene tienda online.
Lo que vemos en los nuevos cajeros (interfaz por voz, letras grandes, señalización en braille…) es perfectamente replicable en entornos comerciales. Desde lectores de pantalla en cajas automáticas hasta información de productos por voz en góndolas digitales, la tecnología existe… y el cambio es posible.
Además, adaptar un comercio no siempre requiere grandes inversiones. Muchas soluciones son asequibles y pueden implantarse progresivamente. Lo importante es tener voluntad de mejora y empatía con los clientes que viven el comercio de forma diferente.
En este aspecto, invertir en accesibilidad no solo es una cuestión ética, también es una decisión inteligente: mejora la experiencia de todos los clientes (no solo de los que tienen discapacidad), impulsa la fidelidad y transmite una imagen de marca comprometida.
Así como los bancos se están poniendo al día, el pequeño comercio puede liderar este cambio desde la cercanía, el trato directo y la flexibilidad. La tecnología ya está ahí. Ahora solo falta dar el paso.

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