La posibilidad de poder demorar el pago, fraccionándolo de una forma cómoda, ofrece a nuestros clientes la oportunidad de poder realizar una compra más selectiva y adquirir bienes que, en caso de tener que pagarlos al contado, difícilmente se comprarían. Paralelamente, el crédito al consumo juega a favor de la tienda ya que supone, para aquellos profesionales que sepan aprovechar sus ventajas, una oportunidad real de hacer negocio. El amplio abanico de posibilidades de demorar un pago (tarjetas de crédito, préstamos personales, líneas de crédito…), e incluso ofrecer la posibilidad de fraccionarlo sin intereses, se ha convertido en una estrategia habitual para activar las ventas. Ahora, no solo prestan los bancos o cajas de ahorro, también los establecimientos permiten pagar más cómodamente a sus clientes fraccionando sus pagos, bien aplicando una financiación directa o, como ocurre de forma habitual, a través de empresas financieras especializadas.
El crédito al consumo, entendido como un préstamo a corto o mediano plazo que se otorga para obtener dinero de libre disposición, es el que utilizan los clientes para financiar la compra de bienes de consumo, o el pago de servicios; y los plazos para su devolución, por lo general, suelen estar comprendidos entre uno y tres años. Las cuotas, aunque existen diversas opciones en el mercado, son normalmente iguales. Este crédito al consumo está regulado por una serie de leyes, que tratamos a continuación, y que tienen por objeto proteger al consumidor.