Se reconoce como creador del teléfono inalámbrico a George Sweigert, un inventor de Ohio que trabajaba como operador de radio. Se le concedió la patente en 1969, lanzándose el producto al mercado una década después, en 1980. En aquélla época se utilizaba una base conectada a una línea telefónica y un auricular con micrófono, teclado numérico y antena telescópica. El auricular, además, tenía una batería recargable, que funcionaba gracias a la electricidad de la casa y se ubicaba en un pedestal de carga conectado por cable mientras no se usaba. Desde entonces muchas empresas han fabricado diversos teléfonos inalámbricos con nuevas características, muchas proporcionadas por el teléfono, y otras tantas proporcionadas por la red telefónica.
Los teléfonos inalámbricos de hoy funcionan prácticamente de la misma manera. Presentan una base conectada a la red fija y también a la electricidad por medio de un cable. En cuanto al auricular, dispone de teclado numérico, visor de llamadas, micrófono, etc. Funciona con baterías recargables AA o AAA. Esas baterías se cargan cada vez que el auricular descansa en su pedestal o base al no estar siendo utilizado. La opción de estas baterías es mucho más barata que las que se utilizaban con anterioridad. Para la comunicación se emplean frecuencias que pueden ser de 900 Mhz, 2.4 Ghz y 5.8 Ghz. En general se recomienda una mayor frecuencia para una mejor calidad de audio, aunque esto no necesariamente es así; más con una capacidad que varía según el teléfono. Pueden tener una cierta cantidad de sonidos de timbre y disponer de control de volumen. Otras tecnologías permiten la mejora de voz, localización de auricular, exploración automática de canales, la contestación con cualquier tecla, grabadora, y un largo etcétera que diferencian unos modelos de otros a la hora de atraer al consumidor.