El mercado español parece más preocupado por el bolsillo que por otra cosa. ¿Es su impresión y cree que hay que ir por esa línea más que apostar por la inversión y la tecnología en los productos?
Yo pienso que no. España ha tenido un desarrollo muy fuerte en los últimos años y esto hace evolucionar a los segmentos altos y medio altos del mercado. Hoy, cuando el consumidor ve un precio elevado en un producto, cambia su actitud y su predisposición a adquirirlo. Puede ser que en España, por su propia cultura, no vaya a haber una evolución tan acusada de las ventas de productos de gama alta como en otros países que giran en torno a un 20 ó 25% de ventas, pero yo creo que en España podemos alcanzar una evolución muy importante, aunque no espectacular, alrededor de un 10%. El precio medio de las lavadoras no ha cambiado mucho en los últimos años pero somos nosotros los que tenemos que hacer mucho más para desarrollar el segmento alto del electrodoméstico. Al mismo tiempo, en estos años ha habido un desarrollo muy fuerte en el sector inmobiliario, entre otros, que nos ha hecho llegar a un 85% de la población, por lo que no nos queda mucho más mercado nuevo. En cualquier caso, estoy seguro de que la distribución del dinero va a provocar que el consumidor gire más a productos con altas prestaciones. La calidad de nuestro producto y sus prestaciones convencen a los consumidores.
Parece una opinión generalizada entre los consumidores que los fabricantes no alargan la vida de los electrodomésticos para provocar el recambio.
Nosotros, desde luego, no llevamos esta política. Pienso que los productores tradicionales hacemos bien en continuar llevando valor al mercado. Si fomentamos un mercado de producto de baja calidad porque se puede cambiar en cinco o diez años, estamos perdidos. No vamos a lograr ni el dinero ni la posibilidad de dar al consumidor las mejores funcionalidades que puede tener un producto, ni podremos cubrir estas expectativas del consumidor que quiere un bien más global y que le resuelva sus necesidades. Por eso está dispuesto a pagar dinero. Si vamos a pensar a cinco años o diez, es más un pensamiento de precio y modificaciones estéticas que modificaciones de estructura que realmente aporten un valor al consumidor. Creo que el mercado y, especialmente, los productores tradicionales, tienen el compromiso de continuar llevando valor al mercado para que el consumidor considere estas marcas como una opción de prestigio. Si compramos una máquina de café que a los dos años si se rompe se tira porque no merece la pena repararla, estamos haciendo un flaco favor al prestigio de este mercado. Un producto de calidad convierte al consumidor en una persona fiel a la marca. Parece claro que si no nos movemos en esta dirección, vamos a perder.