Este concepto, que está más o menos interiorizado, choca con una duda que todo empresario se plantea: ¿debo correr el riesgo de invertir en este momento? La respuesta, según los expertos, es un sí contundente. Sí, porque al presentar sus productos de una forma más atractiva se incrementarán las ventas, y sí porque, de no renovar el negocio, cuando el viento vuelva a soplar a favor, el negocio resultará menos atractivo que la competencia. Continuando con el símil, nuestras velas estarán plegadas cuando las circunstancias nos sean favorables.
Los momentos de crisis son tradicionalmente la mejor época para posicionarse en el mercado, con estrategias de publicidad y comunicación de un lado, y con un apuntalamiento sólido del negocio, por otro lado. Pero, además, el entorno en el que nos posicionamos cambia y evoluciona constantemente, y el éxito de una empresa sobre otra dependerá, en gran parte, de la capacidad de adaptación y anticipación a estos cambios.
Existen, en definitiva, muchas razones teóricas para renovar total o parcialmente el equipamiento comercial de un negocio. Unas razones que se apoyan, además, en muchas cuestiones prácticas, como:
El papel del diseño. El producto a ofrecer con respecto a nuestra competencia es, en la mayoría de los casos el mismo, y en el resto muy similar. Por tanto, se hace necesario incidir en todo aquello que pueda llevar al cliente a elegir nuestro establecimiento, antes que el de la competencia. En este terreno juega un papel esencial el diseño. La elección de un buen equipamiento comercial, que nos lleve a presentar un producto con un diseño atractivo, más ergonómico que industrial, ayudará a realzar las características del mismo, captando la atención del comprador.
El precio del producto. Es evidente que el precio de un producto es, en sí mismo, el mayor atractivo para su compra. La manera de mostrarlo, resaltándolo por encima de otros, haciéndolo interesante de manera que el cliente pueda de un sólo vistazo decidirse por ese producto, es una manera más de captar su atención.
Funcionalidad. Un buen expositor ha de mostrar claramente, de manera organizada y vistosa, el producto a vender. Hoy en día la gente dispone cada vez de menos tiempo para hacer sus compras, y en la mayoría de los casos cuando entra en un establecimiento, y más en el sector que nos ocupa, sabe lo que va buscando y desea encontrarlo con celeridad y de un modo que le ayude a tomar una decisión con rapidez. Por ello, un establecimiento atractivo, fácil de recorrer y cómodo a la hora de buscar cualquier producto, nos ayudará a tener un negocio más atractivo para el consumidor. Por otro lado, una buena organización del expositor permite, además, la posibilidad de mostrar una gama más amplia de productos y dar soporte a la premisa actual del consumidor: ‘ver, tocar y decidir’