Según los especialistas e investigadores en el campo de la depilación, el vello de las piernas crece una media de 6,3 milímetros al mes, justo la mitad que el de las axilas que, apenas unas horas después de haberse arrancado, comienza de nuevo a crecer. Cada método de depilación posee unas ventajas y unos inconvenientes dependiendo de cada persona, el tipo y cantidad de vello, la sensibilidad de la piel, el tiempo y el dinero de que se disponga…
Depilación, ¿una moda?
En muchas ocasiones, las mujeres se han preguntado cuál es el origen de la depilación. Según el papiro de Ebers, uno de los más antiguos tratados médicos conocidos, ya en el año 1.500 a.C. las mujeres egipcias se depilaban usando sangre de animales, caparazones de tortuga y grasa de hipopótamo. Parece que el ideal de belleza femenina consistía en un cuerpo despojado de todo vello como signo de pulcritud y pureza moral. Se sabe que también las griegas y las romanas se depilaban para estar bellas. Al parecer, y según un estudio publicado por la Universidad de Tel Aviv, las mujeres judías se depilaban con un hilo. Una de ellas, sostenía el hilo con los dientes y, ayudándose de sus pulgares, formaba un triángulo con el que conseguía arrancar el vello de raíz. Hace cientos de años se fabricaba una sustancia muy similar a nuestra cera que se obtenía mediante azúcar agua y limón. Si bien, el verdadero promotor de la depilación fue el nacimiento del siglo XX. En los llamados años 20, las jóvenes parisinas y norteamericanas, cuando la moda de las minifaldas las obligó a mostrar sus piernas, optaron por depilárselas con relativa frecuencia. Así, los salones de belleza con depilación a la cera proliferaron. Este método es uno de los más utilizados incluso hoy día, ya que no tiene efectos secundarios aparentes y retarda el crecimiento en unas tres o cuatro semanas.