Los tiempos de los antiguos radiadores eléctricos con elevados consumos han quedado atrás. En los últimos años, los fabricantes han centrado todos sus esfuerzos en la reducción de los consumos para llegar a hacer del emisor térmico eléctrico una opción real de calefacción para el hogar. De este modo, el radiador eléctrico se configura como una opción idónea para la climatización de viviendas que no tienen ningún otro sistema, tales como edificios antiguos o segundas residencias, así como un excelente complemento o refuerzo en aquellas casas en las que pueda resultar útil, como bloques de pisos con calefacción comunitaria o en hogares que cuenten con habitaciones donde no haya elementos, como cocinas y baños.
A esto hay que sumarle las posibilidades que ofrece en la reforma, puesto que su instalación es mucho más rápida, sencilla y limpia que la de los radiadores de agua. Y hay que añadir que estos equipos funcionan de manera autónoma, sin necesidad de ningún otro aparato, mientras que los emisores de agua requerirán una caldera y, si ésta es de gasóleo, incluso un depósito. Además, no requieren mantenimiento ni revisiones periódicas. Por eso, en un momento como el actual, en el que muchos españoles se están decantado por la reforma frente a las dificultades de financiación para acceder a la compra de vivienda, el radiador eléctrico puede encontrar un espacio que ocupar.
En definitiva, como declara David Fernández, Director de Marketing de Ingeniería Asturiana Termoelectrónica, fabricante de la marca Acesol, “los emisores térmicos son un sistema de calefacción eléctrica que aporta al usuario todas las ventajas de los sistemas de calefacción tradiciones, unidos a las prestaciones de limpieza, seguridad, etc., de la energía eléctrica”.
¿Con fluido o seco?
La primera decisión a la hora de elegir un equipo eléctrico será el sistema de calentamiento, ya sea con fluido caloportador o sin él.
Con fluido. Son los que comúnmente han sido denominados ‘de aceite’. Como indica Carlos Buitrago, responsable del Canal Eléctrico de Grupo Ferroli -propietario de la marca homónima y Cointra-, “son emisores con fluido caloportador, que facilita la transmisión del calor y genera mayor disipación de éste y mayor acumulación. Son realizados con aluminio inyectado”. Como explica José Dengrá, Director General de Rointe, “el termostato detecta la temperatura de la estancia y, si ésta es inferior a la que tiene fijada el aparato, dejará pasar la corriente eléctrica a través de la resistencia con la siguiente secuencia: sube la temperatura de la resistencia y ésta hace aumentar la temperatura del aceite, que transporta el calor al aluminio, y éste último lo transmite al aire, que lo difunde por toda la estancia debido a la convección natural del aire”. Esto se traduce en una mayor inercia térmica, es decir, que aguantará más tiempo antes de enfriarse completamente.