La evolución de la actividad de crédito al consumo ha ido pareja a su difusión como un elemento agilizador más de la compra de bienes y servicios en los comercios, habiéndose interiorizado por el usuario, como un solo acto, la suscripción del contrato de préstamo y la entrega del bien o prestación del servicio. Por otro lado, la distribución comercial cuenta con el crédito al consumo como una de sus herramientas de venta más potente, sin la cual, en la mayoría de los casos, la operación no llegaría a realizarse.
Situación actual
Según afirma Antonio Giraldo Burgos, Director de Operaciones de Cetelem (BNP Paribas), desde el pasado año 2008 hemos venido asistiendo a un cambio radical en la economía mundial, desde luego en la nacional, específicamente en el sector financiero, y, más concretamente, en nuestro mercado doméstico, en el sector del crédito al consumo. El mercado del crédito al consumo registraba entonces crecimientos de dos cifras y se consagraba como motor de la economía de nuestro país: suponía casi el 10% del PIB español en 2007.
Hoy, las cosas han cambiado y las entidades especializadas en crédito al consumo se mueven en un mercado muy distinto, lastrado por la morosidad, la caída generalizada del consumo y los problemas de liquidez. La suma del alto nivel de riesgo y el incremento del coste de refinanciación se traduce también en una imprescindible mejora en la selección de los créditos que se solicitan y, obviamente, esto se traduce en un menor volumen de créditos concedidos a los hogares, que se ven incapaces de aumentar su capacidad de consumo. Hay que subrayar que las entidades especializadas formalizan el crédito en el punto de venta, donde el acto de compra y de financiación coincide, donde el comerciante vende y el consumidor encuentra el crédito.