Los fabricantes de electrodomésticos, siempre atentos a las demandas del mercado, hace tiempo que se dieron cuenta de que podían perder un mercado potencial si no atendían a las necesidades de las nuevas familias. Hay varios factores que contribuían a desincentivar la compra de lavavajillas en los hogares que iban surgiendo en la sociedad posmoderna. Éstos son los principales:
Familias más reducidas. El primer aspecto a considerar, y quizá el más relevante, es la reducción de los miembros del núcleo familiar. Hace un par de décadas era fácil ver familias con tres hijos o más. Hoy esto es atípico. Se ha incrementado de manera notable el número de viviendas en las que habitan tres personas o menos, como los padres con un solo hijo, las parejas sin descendencia, las familias monoparentales o los hogares de solteros o divorciados. Así, un lavavajillas tradicional, con capacidad para 10 ó 12 cubiertos, es perfecto para una familia de cinco o seis miembros, quedando lleno y listo para su puesta en marcha sólo con los platos de la comida y cena de un día. Sin embargo, una sola persona puede tardar días en completar el aparato.
Menos metros. El desmesurado incremento del precio de la vivienda ha obligado a buscar pisos más pequeños para poder asumir el pago de la hipoteca. La reducción de los metros disponibles ha repercutido en los metros cuadrados disponibles en la cocina. Colocar un lavavajillas de 60 cm. supone “sacrificar” un armario. Cuando el espacio está justo, esto puede condicionar la compra.
Modo de vida. Muy ligado a los dos aspectos anteriores, hay que señalar la transformación del modo de vida, especialmente en los entornos urbanos. Hace no tantos años, en nuestro país perduraba una asignación de roles a hombres y mujeres muy diferente de la actual. La incorporación de la mujer al mercado laboral, tanto por propia voluntad como por la necesidad de contribuir a la economía familiar, ha reducido enormemente la presencia del ama de casa “tradicional”, encargada en exclusiva de las tareas del hogar. Esto influye a su vez en el día a día. Nos encontramos con muchos hogares completamente vacíos durante toda la jornada, donde ni padres ni hijos retornan a comer a mediodía. Esto repercute directamente en el producto del que estamos hablando, puesto que sólo serán utilizados para lavar los platos de desayuno y cena.