Los Sistemas de Posicionamiento Global, o GPS por sus siglas en inglés (Global Positioning System), permiten ubicar en cualquier lugar del mundo, casi con completa exactitud, un objeto, gracias a una constelación de satélites llamada NAVSTAR, cuyo desarrollador, operador y propietario es el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. El conjunto NAVSTAR está formado por 24 satélites, que se mueven, gracias a la energía solar, en la órbita de la Tierra a 20.000 kilómetros de distancia de su superficie, tejiendo una red constante que cubre todo el globo.
Antes del NAVSTAR, a principios de los 60, se desarrolló el sistema Transit, también americano, funcionando a partir de 1965 aunque de forma intermitente. Sólo permitía posicionarse cada hora y media y requería de quince minutos para localizar al receptor, con un margen de error de 250 metros. Navstar iniciaba su actividad 13 años después, en 1978, como sustitución y mejora del Transit, manteniendo su condición de uso militar. Tras un desgraciado accidente, el derribo de un avion civil coreano por parte de la Unión Soviética por la invasión de su espacio aéreo, en 1984, el entonces presidente de EE.UU. Ronald Reagan decidió ampliar el uso del sistema GPS al ámbito civil, sin restricciones, y con coste cero para el usuario, claves que lanzaban un nuevo mercado de receptores GPS de uso no militar, para aplicaciones tan dispares como la cartografía, la navegación marítima, el montañismo o los mapas de carreteras para automóviles, sin duda este último uno de los más importantes hoy.
Para determinar la posición de sí mismo, un objeto contacta como mínimo con la señal emitida por cuatro satélites, que le indican la posición y el reloj de cada uno de ellos, para que el aparato calcule la distancia (el tiempo de retraso con el que llega la posición respecto al reloj del satélite) con el sistema orbital, triangulando así su posición. Es decir: el aparato registra la posición del satélite y el momento en el que éste envía su ubicación, determinando entonces la distancia respecto a él, y juntando esta información de distintos puntos, es capaz de hallar su propia localización. Tras el contacto con cada satélite, el receptor traza una circunferencia sobre la posible posición, gracias a la intersección de las circunferencias, sitúa al receptor en un punto del planeta. Aún con gran precisión, los GPS disponen de un margen de error dependiendo del número de satélites visibles desde la posición del receptor, en gran medida corregible mediante algunos sistemas que ya se incorporan en los dispositivos, dejando como margen entre uno y tres metros de error en los sistemas más avanzados.